Vieja política

La vieja política está llena de ‘tics’ y de costumbres que se hacen ley, que cuesta horrores cambiar en estructuras rígidas y anticuadas como las de los partidos tradicionales. En los cuales, aunque haya caras nuevas sigue predominando la misma política viejuna.

Es la política de las puertas giratorias.
La del máster regalado.
La de la concepción de lo público como un chiringuito cualquiera.
La del “sí” a todo por miedo al “no”, a quedar mal ante alguien.
La del inmovilismo en temas espinosos y no rentables, electoralmente hablando.
Es la política entendida como fin y no como medio.

Vieja política es la del ‘selfie’ publicitario, que no se corta en utilizar actos de otros y de todos como campaña de propaganda pre-electoral e incluso electoral. No voy a poner ejemplos pero cualquiera que tenga ojos podrá repasar los muros de Facebook de ciertos concejales y reflexionar.

Es la política de las puertas abiertas dependiendo de qué sigla llame a la idem. Si es la mía te lo doy todo, si no… De esto hay muy buenos ejemplos recientes, con pedanías del color de las siglas gobernando en Cantabria casualmente beneficiadas en esta recta final de legislatura por administraciones que a un Ayuntamiento verde e independiente no benefician igual. Salvo excepciones honrosas o vía subvenciones, que se ganan en concurrencia competitiva, sin poder negarse por mano negra ninguna.

La vieja política sigue tan vigente y poderosamente convincente que da miedo. Espeluzna pensar que tantos se dejen engañar sobre sus bondades y ventajas, pero así es. Muchas veces de forma inconsciente, inocente, casi ingenua.

Es complicado y costoso nadar contra corriente, pero desde luego que nosotros lo seguiremos haciendo. La nueva política tiene el deber moral de intentar romper esquemas y, al menos, moverse hacia posiciones menos comodonas.

Nunca nos vamos a instalar en ese conformismo que viene a decir “así son las cosas” ni asumiremos que, por ser un partido independiente, sin hermanos mayores o marcas protectoras, vayamos a conseguir menos cosas. Debemos luchar contra estas inercias, para no quedarnos viejos.

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Autor: Gabriel Sanz, ilustrador, para Huffington Post.
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Regularizar para gobernar

Una nueva reflexión de Ángel Díaz-Munío sobre buena parte de nuestra gestión, que ha implicado poner en orden varios caos municipales.

“La interesada y maniobrera campaña, emprendida recientemente por determinados usufructuarios de la Casa de la Naturaleza, nos ha hecho meditar sobre la necesidad de regular para administrar y gobernar.

Regularizar es ajustar a normas, en este caso administrativas, las relaciones entre los ciudadanos y sus gobernantes.

En aquel caso, como en otros muchos, el Ayuntamiento, o siendo más precisos el equipo de Gobierno de CastroVerde, ha creído necesaria la regularización del uso que se está dando a los muchos locales municipales, cedidos a determinados colectivos por diversos motivos.

Para ello se ha pedido a los responsables del Inventario municipal una relación de los mismos, se han enviado cartas a sus titulares explicándoles la medida y pidiéndoles la documentación que respalde la cesión del local, o en su defecto, la solicitud para seguir haciendo uso del mismo.

Igualmente y con anterioridad hemos abordado procesos similares de regularización en el Cementerio municipal, en la Plaza del Mercado, con la venta ambulante (jueveros), en el uso de los espacios públicos (calles, parques y plazas), la ocupación de terrazas por los establecimientos hosteleros, las licencias urbanísticas, los aparcamientos en superficie, etc.

Hasta aquí el proceso debería de ser considerado como inocuo y ser respaldado por todos los que entiendan que nuestra obligación es administrar los bienes públicos en defensa del interés general.

Sin embargo, todas estas iniciativas, encaminadas a intervenir en asuntos que evidenciaban importantes déficits de organización y control, han provocado que en determinados medios de comunicación, con el correspondiente efecto amplificador en las redes sociales, se extiendan furibundas críticas y desmesuradas campañas contra el equipo de gobierno y por añadidura contra el partido CastroVerde.

Talmente parecería que dichas iniciativas no tuviesen justificación alguna y que sólo nos moviera para acometerlas la enfermiza afición, que supuestamente tenemos, de meter el dedo en el ojo del pacífico ciudadano.

Muy por el contrario, nos mueve a ello el continuo descubrimiento de ancestrales asuntos sin resolver que, a sabiendas, no fueron abordadas por anteriores gobernantes, por no afrontar los probables e indeseados efectos electorales negativos.

De esta forma hemos afrontado el “escándalo” de las pegatinas en los nichos del Cementerio, la campaña contra el carril-bici y la ordenación de la calle Leonardo Rucabado, las acusaciones de acoso a la hostelería y los comerciantes, la incomprensión de los motivos que nos llevaron a suprimir las famosas “casetucas”, el quitar las barracas del Parque y últimamente la defensa numantina de determinados colectivos de que no se regulen los locales municipales.

Con ello, el equipo de gobierno de CastroVerde no hace otra cosa que identificar los problemas que preocupan a los ciudadanos y que requieren de una actuación de gobierno, en beneficio del bien común y en cumplimiento de nuestra obligación.

Lo hacemos con la esperanza de que los ciudadanos que no tengan comprometida su postura por sus propios intereses, legitimen nuestra intención y valoren positivamente los resultados obtenidos”.

Ángel Díaz-Munío Roviralta

Sobre profesionalidad e imparcialidad

Recientemente publicamos una explicación firmada por Ángel Díaz-Munío sobre la complicada situación que tenemos con un “medio de comunicación” local. Él expresó una opinión compartida por el equipo de gobierno pero yo, como concejala responsable de la Comunicación de ese equipo y del Ayuntamiento, siento la necesidad de dar más explicaciones.

Quiero empezar asegurando que en ningún momento he sentido especial simpatía por ningún medio de comunicación y que a todos he tratado de forma escrupulosamente equitativa e imparcial. Respeto mucho su labor, la reconozco y aprecio, al mismo tiempo que educadamente me quejo y discrepo cuando creo que no la ejercen adecuadamente. Casi siempre de forma privada.

No es una cuestión de injerencia en el cuarto poder o de querer dar lecciones a nadie, pero da la casualidad de que también soy periodista y sé reconocer un trabajo bien hecho y también lo contrario. Sé cuándo un medio ha intentado contrastar la información y cuándo no, cuándo se deja llevar y prefiere que la realidad no le estropee el titular, cuándo se da demasiada relevancia a una pura opinión política para buscar la polémica.

Todo esto pasa continuamente y no siempre nosotros, como fuente municipal, estamos rápidos en la respuesta o en el dato. Lo que no justifica que se pueda publicar sin contrastar.

Aparte de esta reflexión general, quiero incidir en la relación con Onda Cero Castro Urdiales, emisora a la que desde los inicios traté como al resto de medios y sigo proporcionando puntualmente todas las convocatorias y notas de prensa sobre temas municipales y de gobierno -muchas de las cuales publica-.

Este medio acude a las ruedas de prensa con regularidad y sigue teniendo, como la tuvo siempre, la posibilidad de contrastar datos e información a través de mi persona. Pero hace bastante más tiempo del que yo llevo sin ir a sus estudios que dejaron de considerarme un interlocutor válido.

En su enfado progresivo por la forma en que organizamos la comunicación (yo ejerzo de portavoz de muchos temas y mis compañeros reducen sus intervenciones lo máximo posible para centrarse en gestionar, y lo han hecho con todos los medios y no solo con este, como cualquiera puede comprobar), Onda Cero Castro se negaba a que yo contara ciertos asuntos, no contrastaba los datos conmigo y no me llamaba para entrevistas, últimamente ya ni siquiera de mis áreas de responsabilidad. Solo me invitaban e invitan a las tertulias, de forma interesada y muy poco profesional.

La verdad es que no es plato de buen gusto ir a un sitio en el que te tratan de este modo. Aún así seguía acudiendo a las tertulias, pero si faltaba a alguna y ponía después mis comentarios en las noticias, les molestaba.

Hasta tal punto que un día puse una opinión que no les gustó (cuestionaba una vez más su profesionalidad, con motivo) y me bloquearon en su página de Facebook, de forma que ya no pudiera expresarme a través de su medio salvo en el espacio que ellos querían (exclusivamente la tertulia quincenal, para los temas fijados por ellos y con toda la oposición y los propios “periodistas” atacándome, cosa que siguen haciendo ahora que no voy). Como comprenderéis, por este aro no paso.

Si Onda Cero quería datos o la posición del equipo de gobierno, siempre estuvimos abiertos a ello, como lo estamos continuamente para el resto de medios que no tienen problema en llamar, pedir información, entrevistar, aceptar que no todos los concejales van cuando ellos quieren -incluso no van nunca- y aceptar que yo soy la portavoz y muchas veces se tienen que “conformar” conmigo. Entienden que no es nada personal, que nosotros somos un equipo y nos organizamos así.

Por ser periodista respeto demasiado la profesión como para no distinguir a los verdaderos profesionales, que no utilizan chantajes ni presiones, ni son parciales en sus informaciones. En ningún momento pedimos un trato delicado ni ausente de crítica, pero sí justo y riguroso. Los ciudadanos merecen ser informados y no manipulados.

Este medio, sin embargo, ha preferido adoptar una actitud beligerante que yo me niego a achacar únicamente a mi/nuestro comportamiento, que no lo merece. Sin duda hay otros intereses de por medio -económicos, publicitarios, políticos- que explican esta situación, un enfrentamiento que nosotros nunca buscamos y que con paciencia infinita intentamos evitar, sin éxito.

En nuestro municipio hay muchos medios de comunicación y estamos seguros de que los mensajes que lanzamos tanto desde el Ayuntamiento como desde el equipo de gobierno de CastroVerde encuentran su camino para llegar a los destinatarios, los vecinos.

Ponga un concejal-florero en su vida

Todo el mundo entiende que un concejal o alcalde es un representante político que debe gobernar el Ayuntamiento o entidad local al servicio de los ciudadanos. La definición está clara y también la exigencia.

Lo que no resulta tan evidente es qué funciones diarias y concretas deben formar parte de la agenda de ese político. Desde mi humilde experiencia creo que hay muchas maneras de entender a qué se deben dedicar y diversas opciones de afrontar el cargo, según la personalidad, forma de trabajo y prioridades del político en cuestión.

Yo divido las funciones en dos bloques claramente diferenciados:

El primero correspondería a las funciones invisibles, que pasan desapercibidas para el común de los mortales pero roban el grueso del tiempo y son tan necesarias como ingratas. Reuniones internas, comisiones informativas y plenos, lectura de informes y expedientes, generación de documentos, perseguir a unos, perseguir a otros, llamadas, correos electrónicos…

El segundo bloque sería el de las funciones visibles, que se hacen de cara al ciudadano, se palpan, se visualizan, se interiorizan y normalmente se traducen en votos (para uno o para el contrario, según el caso). Hablamos de todo lo que implica la comunicación política (tertulias, entrevistas, notas y ruedas de prensa), reuniones o comunicaciones externas (con vecinos, asociaciones, instituciones, empresas), atención al ciudadano, asistencia a eventos y actos…

En mi caso tengo un sano equilibrio entre ambas funciones por la propia idiosincrasia de las áreas que llevo: Personal, en la parte tímida y discreta, y Comunicación, Educación y Cultura en la más descarada y expuesta. También he participado, aunque no son estrictamente mis áreas, en numerosos proyectos transversales: he estado en las reuniones para diseñar la OCA y el CastroBus, en la definición de criterios para los eventos en el espacio público, en la regulación de locales…

Pero… ¿dónde esperan los ciudadanos que estén los políticos? Desde mi ingenuidad pensaba que se valoraría el trabajo invisible e ingrato, siempre que este diera frutos en forma de mejoras para la ciudad. Creía que el trabajo más superficial y estético, tan de moda entre los políticos que no son nadie sin su foto o ‘selfie’, no era valorado positivamente por los vecinos. Me parecía que los tiempos habían cambiado.

Pero me equivoqué.

Desgraciadamente aún sigue siendo más importante que un concejal acuda a los conciertos de las asociaciones o a la misa de turno, a que para -porque es un verdadero parto- una ordenanza nueva para regular las subvenciones y ayude a las entidades a acogerse a ellas. La gente espera que estemos en todas partes, sin darse cuenta de que el tiempo es un bien limitado y todo el que dediquemos a gestionar es poco.

Es cierto que estar presente en ciertos foros es necesario y también nosotros ejercemos esa representación institucional cuando la agenda nos lo permite, pero desde luego tenemos muy claro que la prioridad es otra, frente a los que priorizan el postureo o la visibilidad de la primera fila.

Realmente un concejal podría pasarse la legislatura prácticamente entera en funciones visibles, de radio en radio y evento en evento, sin hacer otra cosa que exhibir sonrisa “profidén” y regalar palabras amables. De hecho habrá ejemplos de ello.

Aunque sea políticamente incorrecto, lo digo muy claro: mientras sigamos prefiriendo concejales-florero, estaremos contribuyendo a alimentar los déficit de gestión que tiene este Ayuntamiento y nuestra ciudad no mejorará. A lo mejor es hora de cambiar el chip, todos.

Os dejo con una imagen para la reflexión:

 Políticos inaugurando una rotonda en Granada.

 

La radio amiga… de otros

Un nuevo artículo de Ángel Díaz-Munío, sobre un tema que ha traído cola y supongo la seguirá trayendo. Mi opinión la daré otro día, más en frío.

En la política, como en todo, hay que ser educado y respetuoso con los demás, para que la convivencia sea posible. Así evitaremos los enfrentamientos, las descalificaciones y en último extremo, las agresiones. Ser y actuar en política de forma educada, y que te lo reconozcan los demás, prestigia a quien así actúa.

Otra cosa muy distinta es ser “políticamente correcto”, que tiene más que ver con decir y actuar de acuerdo con lo que los demás esperan de ti, aunque no seas sincero.

Pues bien, CastroVerde, en sus relaciones con Onda Cero Castro Urdiales, ha dado pruebas más que sobradas de educación y respeto a sus emisiones, a sus noticias, a los titulares de los resúmenes de tertulias y ruedas de prensa, etc. Y lo seguiremos haciendo.

Como políticos estamos obligados a tener a nuestros ciudadanos informados de nuestra labor, así como a tener abiertos los canales de comunicación para atender a sus quejas y sugerencias, como también a sus reconocimientos si los hubiera. Y lo seguiremos haciendo.

Pero también tenemos derecho a opinar, a denunciar y defendernos cuando entendamos que debemos hacerlo. Y lo hacemos después de reflexionar sobre el por qué de determinadas actitudes, después de indagar y profundizar en nuestros propios comportamientos, de reconocer los errores y enmendar lo reprochable.

La prudencia nos ha contenido hasta ahora, a pesar de las muchas ocasiones que hemos tenido para protestar y denunciar. Sabemos de lo inconveniente que es para los políticos enfrentarse con el cuarto poder, pero hemos llegado a una situación en la que nada podemos perder. Es imposible recibir peor trato por parte de esa emisora del que nos está dando.

Por eso hemos llegado a la conclusión de que no podemos tener con Onda Cero Castro la misma consideración que con el resto de los medios, como canal de comunicación entre los ciudadanos y CastroVerde. Si la información que transmiten es tendenciosa, si de forma sistemática se amplifica lo negativo y se oculta lo positivo, si a sabiendas se dan noticias que no son ciertas sin contrastar otras fuentes, etc., concluimos que se está atentando contra la verdad y se está contaminando e intoxicando a la opinión pública.

En consecuencia, y mientras siga con esa línea, esperamos que los ciudadanos comprendan por qué nuestra actitud hacia esta emisora no es la misma que con el resto de medios de Castro”.

Ángel Díaz-Munío Roviralta

¿Cargo o carga?

Últimamente he tenido un par de cambios de impresiones en las redes sociales con vecinos a cuenta de las obligaciones y responsabilidades que tenemos los cargos públicos. Hay personas que opinan que, por el hecho de haber sido elegidos para representar al municipio y gobernarlo, tenemos unos deberes definidos y nuestra forma de comportarnos debe ceñirse a unos roles que parecen ley.

Dicen cosas como:

– “La crítica va en el cargo”
– “Eres concejal 24 horas al día”
– “Te pagamos un buen sueldo entre todos y por eso… (póngase aquí cualquier cosa)”

¿El cargo se ejerce a todas horas y en cualquier circunstancia? ¿El hecho de haber asumido esta responsabilidad implica que tengamos que aguantar cualquier cosa y soportar estoicamente críticas irracionales e incluso insultantes (las racionales o normales se llevan bastante mejor)?

Quizás no sea objetiva respondiendo, pero ya que me abrí un blog para ser políticamente incorrecta, pues voy a explicar mi opinión y experiencia, guste o no al que me lee.

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El cargo implica mucha responsabilidad y te condiciona. Por ejemplo, debes adquirir una actitud de mayor ejemplaridad que la que tendrías como ciudadano anónimo. Eso no quiere decir que seamos perfectos y no cometamos errores como todos, pero tenemos más cuidado y adquirimos una conciencia de lo colectivo que probablemente antes no teníamos tan desarrollada.

Sobre lo de ser cargo 24 horas al día, creo que es difícil desprenderse de él y nosotros mismos pecamos de estar con el “chip político y gestor” puesto más de lo recomendable para la salud mental de uno. Pero ser cargo no debería ser una carga. Si queremos que las personas al servicio público -y ser político lo es cuando la labor se entiende y se ejerce bien- sobrevivan y hagan su trabajo en condiciones, tienen que tener también vida propia, cierta intimidad, respeto a su familia y amigos…

Eso no quiere decir que no se pueda criticar a los políticos, cuidado. Se puede y se debe, pero hay límites que debería dictar el sentido común. La indignación e impotencia por la situación de algunos asuntos de la vida municipal no pueden justificar todo y, sin embargo, asumimos que más allá del nivel soportable de críticas siempre habrá estridencias, muchas veces amparadas por el anonimato de las redes sociales.

Así las cosas, nos armamos de paciencia para aguantar la carga del cargo pero con una salvedad: los políticos no estamos obligados a callar y aguantar el chaparrón, que es algo que insisto en defender ante tantas voces que han intentado acallar la mía.

¿Por qué debemos aceptar cualquier argumento, calentón o exposición razonada si no estamos de acuerdo con ellos? ¿Por qué algunos esperan que solo escuchemos y agachemos las orejas, avergonzados? ¿Acaso no podemos defender nuestras ideas, posiciones o trabajo? Yo defiendo y seguiré haciéndolo que sí, que los políticos podemos opinar, discrepar e incluso reconocer cuando nos equivocamos, sin dramatizar, como el resto de los mortales.

Deben saber los ciudadanos que somos los primeros -hablo por mi y mis compañeros de CastroVerde- en escuchar/leer opiniones y críticas de todo tipo, en reflexionar cuando hay opiniones negativas y en ejercer la autocrítica. La mayor carga nos la ponemos nosotros, todos los días. Que nos sea lo más leve posible.

Comunicación política: la delgada línea roja

Cuando alguien me pregunta qué tal llevo esto de estar en política y si echo de menos mi trabajo habitual de periodista, suelo responder que, aunque dura, es una gran experiencia y que en realidad estoy haciendo un “máster” de comunicación política (aunque la palabra últimamente esté muy devaluada).

Pues sí, efectivamente la comunicación es para el político casi como el comer, lo tienes que hacer varias veces al día e incluso picar entre horas. Y no solo eso: la comunicación es clave para cualquier institución, administración o empresa, y el Ayuntamiento no iba a ser menos. Teniendo en cuenta que en el de Castro no existe un departamento o servicio de comunicación profesionalizado, aquí nos toca comunicar por partida doble.

Imagen relacionada

En esta dicotomía de responsabilidades nos movemos y debemos saber diferenciar lo que es comunicación institucional (la que cuenta lo que el Ayuntamiento hace y ofrece a los ciudadanos) y la comunicación política/partidista (la que “vende” lo que CastroVerde hace, en la que siempre nos hemos quedado cortos).

Ayer, con las prisas de comentar lo sucedido en el pleno del martes, hemos cometido el error de emitir un comunicado como Ayuntamiento que tenía que haber sido difundido como CastroVerde, porque entraba en valoraciones políticas. El comunicado, además, fue replicado en la web municipal por los técnicos, que no aplicaron filtro ninguno por pura inercia, ya que normalmente no cometemos estos errores.

Lo sucedido me ha hecho reflexionar sobre esta delgada línea roja en la que nos movemos, y la primera conclusión ha sido que sí deberían existir esos filtros y ese control técnico sobre la injerencia política en las dinámicas municipales.

He recordado episodios vividos en la primera parte de la legislatura, cuando gobernábamos en pacto con el PSOE. Como la responsabilidad de Comunicación siempre fue mía, ellos me remitían propuestas de notas de prensa vendiendo su gestión. No fue una sino varias las veces que intentaron firmar esos comunicados con el logo y leyenda del partido, pero yo apliqué el filtro por pura deformación profesional (no en vano soy técnico de Comunicación).

Por supuesto no les gustaba ni que quitara la coletilla de marca ni que retocara los textos para hacerlos más periodísticos. Lo consideraban una injerencia de un partido en la política del otro, cuando en realidad era una injerencia técnica en lo político: ellos estaban utilizando los medios municipales -en este caso yo, pero lo normal sería que hubiera un empleado público para ello- para una cuestión de puro marketing político y yo lo reconvertía hasta donde podía en una comunicación institucional positiva, más neutral y más al servicio de todos.

Creo que la actitud del PSOE es la que los partidos tradicionales entienden como normal. Tradicionalmente en nuestro Ayuntamiento, la comunicación ha sido ejercida por los políticos apoyados por el personal de confianza, y ha estado a su servicio. Ni siquiera se ha entendido internamente la necesidad de profesionalizarla, de poner a una persona independiente de los partidos que difunda todo lo bueno que hace el Ayuntamiento, que informe a los ciudadanos y mejore la comunicación con ellos.

Esperamos que en un futuro cercano, con una oferta de empleo público de por medio, esta realidad cambie y la comunicación política se quede donde debe de estar, en el seno de los partidos y en manos de los políticos, y que la comunicación institucional pueda tener su espacio y no depender de ellos.