Programas electorales: cómo leerlos sin morir en el intento

Los programas electorales de los partidos son un querer y en muchas ocasiones no poder. Es su esencia y creo que es difícil cambiarlo. Porque se trata de un ejercicio de imaginación en el que, con el bagaje de lo que uno conoce y controla sobre el Ayuntamiento o institución que aspire a gobernar, debe jugar en un difícil equilibrio: entre lo que ilusiona y lo que es viable, entre lo que uno se ve capaz de sacar adelante y lo que realmente puede, entre lo que es razonable y lo que se dice por decir.

Muchos programas electorales se parecen sospechosamente y pecan inevitablemente de aspirar a lo mismo… mejorar tal o cual cosa, prometer alguna obra relevante, querer planificar y optimizar, o una muy rentable: decir que vas a pedir a otros hacer tal o cual cosa más o menos importante, normalmente al Gobierno de Cantabria e incluso al de la nación. Promesa que no es engañosa mientras se ponga claramente de quién depende la medida (no de uno) y mientras haya alguna posibilidad de que se consiga (aunque sea mínima).

Mucho peor es prometer cosas que se escapan de tus competencias y nunca podrás hacer pero quedan bonitas. De esto seguramente todos tendremos ejemplos, en ocasiones por desconocimiento al no tener la experiencia que da el gobierno, pero el PP gana por goleada en sus programas de 2011 y 2015, que releyendo me alucinan y eso que ellos sí habían gobernado antes.

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Es curioso porque en los últimos meses hemos podido ver a la portavoz del Grupo Municipal Popular en diversas tertulias y ocasiones exhibiendo el programa electoral de CastroVerde, como si hubiera descubierto el santo grial del ataque político y como si nosotros hiciéramos por ocultarlo cuando está publicado en nuestra web.

Lo lleva subrayadito y va lanzando frases para reafirmarse en que somos malísimos, un desastre y lo peor que ha pasado por el Ayuntamiento, con el único argumento de que decíamos cosas que no hemos conseguido. Aparte de la obviedad de que hay algunas cosas que no se han podido acometer en cuatro años, se le olvida analizar que el grado de cumplimiento es altísimo y le da mil vueltas a gobiernos anteriores, empezando por el suyo.

Nosotros estamos orgullosos del balance y sabemos qué podemos prometer para los próximos años, en un ejercicio de realismo y honestidad que dudo mucho vayáis a encontrar en otros programas de los que ya están llegando a nuestras casas, aunque evidentemente las conclusiones son vuestras. Solo recomiendo leer y analizar con criterio, lo que implica conocer ciertas claves.

Primero hay que distinguir entre dos tipos de programas: los de partidos que ya han gobernado, que hay que leer con las gafas de cerca y atentos a la jugada para ver si son promesas repetidas hasta la eternidad y nunca abordadas por el partido en cuestión, o si aportan credibilidad sobre su posible consecución; y los de partidos nuevos o que solo han estado en la oposición; estos hay que leerlos con complacencia porque parten del desconocimiento de la realidad del Ayuntamiento. No es que no quieran conocerla ni que no hayan trabajado, cuidado. Es que hasta que no pasas por las tripas del mismo, tu conocimiento de la institución es muy superficial -palabra de concejala que ha estado en los dos lados (oposición y gobierno)-.

Es bueno también fijarse en el grado de compromiso que adquiere uno en cada promesa. No es lo mismo decir que vas a eliminar los cargos de confianza (algo que depende únicamente de una decisión política sin mayores implicaciones que recortar un gasto innecesario) que prometer impulsar la rehabilitación del Cargadero de Dícido (un proyecto que requiere de la concurrencia de varios factores: administraciones implicadas, aparte del Ayuntamiento, y mucho dinero para financiarlo).

Ambas cosas están en el programa de CV de 2019 y estaban en 2015. La primera la hicimos y la seguiremos manteniendo. Sin duda. La segunda también la hicimos y sin embargo, pese a conseguir implicar a Costas y Cultura, pese a haberse elaborado un estudio de situación del cargadero, aún hay que seguir peleando mucho para conseguir la rehabilitación “de facto” y por ello vuelve a nuestro programa y debería ir en el de todos, si estamos de acuerdo en la prioridad.

Por último me parece importante fijarse también en lo que no está. Por ejemplo el PSOE no menciona el tema de los gastos políticos y el personal de confianza, cosa que me hace temer que si gobiernan vuelvan a las andadas.

Repito lo que siempre digo: por favor infórmense. Votar es un acto importante y debería ser reflexionado y consciente. Hay que leer con lupa los programas electorales y aún así es insuficiente. Cuanto más contexto y datos tengamos, mucho mejor.

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La fiesta de la democracia

Acabo de recibir en casa la propaganda electoral de cuatro partidos que se presentan a las elecciones al Congreso y Senado. Evidentemente la información que contienen sus cartas o folletos no va a hacerme decidir el voto a estas alturas de la campaña ni de la vida, pero me parece interesante analizar qué dicen y cómo lo dicen. Supongo que es deformación profesional, de periodista metida a política.

He seguido en redes sociales una especie de campaña contra la propaganda electoral, de gente que no quiere recibir tanto papel y se borra de las listas de envío. Respetando al que lo haga por una cuestión puramente ecológica o medioambiental, no comparto esa frugalidad en cuanto a recibir información para tomar una decisión tan crucial como a quién votar. Se trate de diputados, senadores, presidentes autonómicos, eurodiputados o alcaldes y concejales. Especialmente importantes me parecen estos últimos.

También es cierto que luego la propaganda decepciona salvo honrosas excepciones. Pero seamos sinceros con nosotros mismos: ya apenas leemos y tenemos que captar la esencia de una propuesta política en apenas unos eslóganes, unas frases oídas en los debates, una imagen, un gesto. Ni tenemos tiempo ni ganas de entrar al detalle.

Sin embargo, la información es poder. Cuanto más informados votemos, muchísimo mejor para todos.

Sigue habiendo mucha gente que opina que la política cuanto más lejos, mejor. Respeto esta postura pero no la comparto, porque… ¿acaso somos individuos aislados a los que no nos afectan las decisiones políticas? En ningún caso. Nos afectan y mucho. Dejar elegir a los demás por nosotros me parece inmaduro e irresponsable.

A lo largo del próximo mes vamos a vivir una auténtica fiesta de la democracia: elecciones nacionales el próximo 28 de abril y elecciones locales, autonómicas y europeas el 26 de mayo. En todas ellas debemos hacer el esfuerzo de intentar decidir entre lo que hay, lo mejor (esto lo acaba de decir Javier Marías mucho mejor que yo).

A veces no encontramos opciones que nos representen del todo y aún así, hay que votar. Porque si no, esos que sabemos seguro que no queremos que nos representen tendrán más posibilidades de ganar. Es así de simple, una cuestión numérica, casi matemática.

Yo, como la #modernadepueblo, intentaré arrastraros de los pelos. Feliz reflexión el sábado y el domingo, #votaporfavor

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10 cosas buenas que quieren convertir en malas: 4 de poner orden

En esta serie de entradas estoy explicando 10 asuntos que en los últimos tres años se han intentado mostrar como malos e incluso malignos, siendo en realidad buenos para todos.

Tras un primer bloque en el que analicé tres asuntos relacionados con la movilidad (carriles-bici, OCA y aparcamiento, y CastroBus) y una segunda parte dedicada a tres proyectos estrella (Plaza del Mercado, Auditorio del Ágora y túneles de Ocharan), finalizo el repaso con cuatro iniciativas de regularización y gestión: es decir, de poner en orden servicios municipales y recuperar su función pública.

1. El Cementerio y las famosas pegatinas

El trabajo de regularización del Cementerio municipal de Ballena fue una de las primeras iniciativas que tuvimos, dado que ya en la oposición habíamos hecho un estudio sobre la situación tan lamentable en la que estaba el servicio. La colocación de pegatinas que sirvieran para avisar a los titulares de los que el Ayuntamiento no tenía datos fue polémica y se aprovechó políticamente para criticar una gestión que sin duda era necesaria y buena para todos.

Para muestra, dos datos: en la legislatura anterior se gastaron 192.000 euros en la creación de 160 nichos nuevos que no habrían sido necesarios si se hubieran gestionado adecuadamente las concesiones. En 2017, los ingresos por tasas funerarias triplicaron la media de ingresos anuales en los doce años anteriores a 2015.

Además, la gestión integral del servicio de Cementerio ha incluido otra muchas acciones: vigilancia, mantenimiento, mejora de los tanatorios y de la limpieza…

2. Mercados al día

Una situación similar a la del Cementerio ocurría con las concesiones de puestos de venta en los mercados, tanto en el municipal de abastos como en los ambulantes de Castro y Oriñón.

En cuanto al primero, muchos de los puestos llevaban años cerrados, sin actividad, a nombre de personas fallecidas… Poner al día la información y revertir algunas concesiones ha permitido al Ayuntamiento contar con locales que se están usando para fines sociales a través de ONG como Cruz Roja (que tiene allí el Banco de Alimentos) o para el mercado de segunda mano y trueque, que ayuda a muchas familias.

Además, los puestos de los mercadillos de los jueveros y de Oriñón no estaban siendo gestionados adecuadamente y nosotros lo hemos hecho, además de trasladar el mercado desde Cotolino al centro, logrando una ubicación que ha revivido la actividad comercial tanto de los ambulantes como de los comercios de la zona.

3. El espacio público es de todos

Desde que entramos a gobernar descubrimos que la falta de criterio y trabajo serio respecto a los usos del espacio público provocaban situaciones complicadas de gestionar y consecuencias indeseadas (molestias de ruidos a los vecinos, por ejemplo).

Innumerables reuniones de trabajo, en las que debíamos atender a las solicitudes urgentes mientras fijábamos un criterio común y coherente viniendo como veníamos de la arbitrariedad absoluta, dieron como fruto una Ordenanza reguladora de actos y eventos en espacios públicos. Tras la tramitación correspondiente fue aprobada en pleno en septiembre de 2018 pero ya llevábamos tiempo aplicando esa regulación.

Como es habitual este esfuerzo no ha sido aplaudido por (casi) nadie y, muy al contrario, ha motivado críticas y reacciones adversas por parte de los que ven limitados sus derechos. En este caso, principalmente, los locales que organizan muchos eventos y que quieren seguir haciéndolos a pesar de que eso perjudique el descanso de los vecinos.

4. Optimizar los locales

Uno de los últimos proyectos de regularización abordados -aún en proceso- es el de los locales municipales que el Ayuntamiento cede a asociaciones, peñas y colectivos. Apenas un par de ellos tienen a día de hoy su situación plasmada en un documento oficial, que dé seguridad jurídica a las cesiones de espacios.

Durante mucho tiempo no hemos podido atender peticiones nuevas y ahora, tras generar una base de datos de locales y modificar la Ordenanza reguladora, podemos hacerlo, así como reubicar a algunas asociaciones y peñas para dotar de espacio a servicios como el Conservatorio de Música. Partíamos de una gestión nula y conseguiremos una gestión eficaz de los recursos de todos.

Tampoco este caso ha sido un camino de rosas pero es lo que tienen todos estos temas: son tan poco agradecidos como necesarios. Si tuvo que venir CastroVerde para ponerlos en marcha, solo espero que CastroVerde siga gobernando, para no volver a la dejadez e ineficacia que hemos padecido.

Pacto con la ciudadanía

Cuando ya creíamos que lo habíamos visto y oído todo en cuanto a estrategias pre-electorales e intentos de desprestigio varios, con tal de sacarnos del Ayuntamiento donde tan molesta les resulta a algunos otra forma de gobernar y de entender la política, resulta que llega la teoría conspiranoica del pacto “oculto”, las reuniones “secretas”, “nocturnas” y solo les queda añadir con alevosía.

Ya llevamos muchos meses soportando insinuaciones y acusaciones más o menos veladas, que se acompañan de mentiras de diverso calado para la construcción del ‘mantra’ que, a base de repetirse, sueña con aparentar ser verdad: que los de CastroVerde somos tan corruptos como ellos. Qué más quisieran.

Me niego a enlazar las noticias que han ido saliendo por no darles más repercusión, pero asistimos día sí día también al espectáculo de la oposición más bochornosa que ha conocido Castro, que se cree que la única manera de desviar la atención sobre su absoluta falta de trabajo o propuestas es enmierdar nuestros proyectos (y tienen que echar mucha mierda porque los logros son contundentes y demostrables). Pues ya es triste.

Eso por no hablar de los partidos sin representación municipal que van saliendo como setas o como flores efímeras en esta primavera engañosa. En general ninguno merece la más mínima credibilidad, ni siquiera los que se recrean en expresiones como “pseudo-pelotazo cultural” para justificar su insuficiente trabajo de posicionamiento político.

Vamos a ver, señores, ténganlo claro: la corrupción ya no es una opción en este ayuntamiento. Para eso vinimos y para eso nos quedaremos, mientras lo consideremos necesario.

Con estas afirmaciones no pretendo defender a ningún partido que no sea CastroVerde -es el único por el que pongo la mano en el fuego- ni niego los intereses personales o empresariales que puedan tener personas ajenas a mi partido, que sin duda los tendrán. Estamos continuamente rodeados de personas con intereses particulares y eso no es impedimento para que, desde nuestra posición de gobierno, sean siempre superados por el interés general. Para eso vinimos y para eso nos quedaremos.

Nuestro único pacto es con la ciudadanía. Es obvio que permanece oculto y siempre lo hará para quienes no entienden que un político pueda deberse solo a eso, porque no lo han conocido ni les cabe en la cabeza.

Afirma públicamente la candidata por el partido más corrupto que ha conocido nuestro país que los vecinos “están hartos de las mentiras de CastroVerde”. Nosotros sí que estamos hartos de las suyas y de la prepotencia de los que nos quieren vender mil motos cuando han estado gobernando hasta hace cuatro años con el resultado que todos conocimos.

Frente a la ruindad política y a los intentos de manipulación interesada de la realidad, lo dejo claro: no hay ningún pacto con el PRC. Lo que veis en los plenos, y antes pasa en las comisiones, es totalmente claro y transparente: este partido apoya las propuestas que cree son buenas para la ciudad, y es evidente que lo son. Lo que no es normal es la política del “no” por despecho, por ideología, por llevar la contraria, porque sí.

El presupuesto municipal ha sido consensuado y participado hasta donde los partidos de la oposición han querido: el PRC ha optado por hacer propuestas, que se han tenido en cuenta, y el resto ha preferido centrarse en buscar motivos para votar no. Serán los ciudadanos los que juzguen qué les parece más constructivo y necesario, pero mientras tanto, no permitiremos que ninguna sombra de sospecha condicione nuestra acción.

Haremos como gobierno todo lo que creamos puede beneficiar a nuestro municipio: sea quitar una fábrica del casco urbano, construir un auditorio o aprobar un presupuesto. Y nos da igual que eso beneficie de rebote a un empresario, a sus empleados, al vecino del quinto o al ‘sursum corda’. Ya hemos dado ejemplo de nuestra persistencia y empeño cuando se trata de sacar adelante proyectos valientes, tengan o no buena “venta” pre-electoral, y lo seguiremos haciendo.

Para todo lo demás, ya tienen a los partidos de siempre, que “cuanto peor, mejor” y que les regalarán los oídos con promesas imposibles de cumplir, para luego en el cambalache post-electoral pactar hasta con el diablo si hace falta. Atentos a la jugada: infórmense todo lo que puedan, sean críticos y voten en consecuencia.

La promesa más fácil de cumplir

Érase una vez una ciudad-frontera que no supo crecer. Antaño pueblo de pescadores, agricultores y mineros, esta localidad de la costa cántabra vivió con intensidad el ‘boom’ inmobiliario, que en su momento se las prometía felices a vecinos más o menos incautos.

Durante décadas los castreños vieron aparecer como setas urbanizaciones y chalets, edificios construidos entre zonas no urbanizadas, o directamente sin agua ni saneamiento. Y eso ni siquiera redundó en unos servicios mejores.

De aquellos polvos llegamos a 2011 y del hartazgo de una ciudadanía alejada de la clase política que había permitido e incluso propiciado semejante evolución urbana, Castro Urdiales ve nacer una alternativa a los partidos tradicionales. Bebiendo del movimiento asociacionista y ecologista, pero sobre todo con muchas ganas de hacer las cosas de manera diferente, CastroVerde llega a nuestras vidas como un sueño maravilloso.

En aquellas elecciones a las que fuimos a la carrera, ansiosos e inexpertos, logramos más de 2.200 votos e irrumpir en el escenario político castreño con cuatro concejales. Desde entonces nos han pasado muchas cosas que explican por qué ya no somos aquel sueño, sino más bien una promesa cumplida, la más fácil de cumplir.

Como en su día relató mi compañera Patricia Camino, “la ilusión manaba a nuestro alrededor” en los albores de nuestro proyecto, que caló rápido entre personas sin un pasado político. Probablemente, en otras circunstancias jamás habríamos sucumbido a sus encantos. ¿Cómo lo hizo? Fácil: con la promesa de superar los errores del pasado y dar un cambio de rumbo a la gestión del Ayuntamiento, poniendo los recursos públicos al servicio de los ciudadanos.

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En realidad el objetivo era simple. En realidad sigue siéndolo.

Se trataba de romper una dinámica perversa en la que intereses de diverso tipo, diferentes del general, habían tomado el poder. Desde nuestra primera legislatura en política, estando en la oposición, conseguimos poco a poco ir cumpliendo ese objetivo, venciendo resistencias e implantando semillas que debemos dejar crecer para, en un futuro más o menos cercano, recoger el fruto.

Castro ya no es una ciudad que no supo crecer y dejó su interés en manos de intereses privados, de constructores y gestores sin escrúpulos. Castro eligió en 2015 con sabiduría otra forma de gobernar que, cuatro años después, reafirmamos: sí, es posible.

Este cambio fundamental, aunque no suficientemente apreciado y mucho menos valorado, no se ha traducido tan pronto en resultados palpables en las calles o para el día a día de muchos ciudadanos -de otros sí, que se lo digan a los de la Loma o el APD-2-, pero poco a poco lo hará. Cada vez más.

No son tiempos ya de políticos de sonrisa fácil y cobardía intrínseca, a los que les importan demasiado los supuestos réditos electorales de sus actuaciones y sus dejadeces. Es tiempo de gestores que sigan encauzando una administración muy lastrada por décadas de gobiernos malos.

Es tiempo de seguir apostando por dar la vuelta al Ayuntamiento. Sigue siendo el momento y recordemos: el pasado no es una opción.

¿Propaganda con el dinero de todos?

Estos días estoy leyendo mucho sobre cómo se están legislando los difusos límites entre comunicación y propaganda política, que cuando la hacen los partidos con sus propios recursos no nos suponen ningún problema, pero que es más que discutible cuando hablamos de políticos usando los medios públicos.

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Ayer salió la noticia de que la Junta Electoral Central ha avalado las ruedas de prensa post-Consejo de Ministros que hace el Gobierno de Sánchez en esta época pre-electoral. Es un momento delicado porque la ley especifica que desde la convocatoria de elecciones -que fue el 5 de marzo- no se puede “organizar o financiar directa o indirectamente ningún acto o campaña que contenga alusiones a la realización o a los logros obtenidos”.

Por mucho que PP y Ciudadanos protesten y que les moleste que los otros hayan conseguido una potente herramienta de marketing llamada “viernes sociales”, parece que el hecho de explicar medidas tomadas no chirría ni es ilegal, aparte de ser una hipocresía denunciarlo… ¿acaso ellos no lo hicieron ni lo hacen?

Ahora que está tan de moda el concepto… ¿dónde está la línea entre la transparencia y la propaganda política? ¿No es bien cierto que cualquier político contando su trabajo y defendiendo su posición hace proselitismo de su opción?

Pues sí, todos hacemos proselitismo y es totalmente legítimo. Pero hay que marcarse, por ley y sobre todo por ética, unos límites en el uso de nuestro tiempo para ello, al menos los que cobramos de lo público. Aquí estoy a las tantas de la madrugada escribiendo sobre este apasionante tema, y llegaré a una conclusión cercana a la propaganda de mi partido, pero no lo haré en el Ayuntamiento ni en su nombre.

Está claro que en época electoral tenemos la piel más fina ante la posible instrumentalización de los poderes públicos, pero… ¿no es igual de poco ético utilizar el dinero o recursos públicos en publicitar la bonanza de un partido sin que se hayan convocado unas elecciones? ¿Acaso los votantes nacen de repente dos meses antes de ir a votar y no forman su opinión antes?

La influencia es constante y consciente. La tentación de poner la marca del partido en cualquier cosa está ahí, siempre. Que se lo digan al PSOE de Castro, que no se cortaba en mencionar y destacar la filiación política del concejal de turno cuando compartimos gobierno. En notas de prensa que pretendían ser institucionales.

Mucho peor es el gasto en publicidad que se ha hecho (ver la tabla en este enlace) y se hace en ayuntamientos de todo signo. Como concejala responsable de Comunicación he recibido todo tipo de propuestas publicitarias que me han indignado y ruborizado, solo al pensar que otros las pagaban con el dinero de todos, para lucimiento personal y político del alcalde de turno.

Bajo un supuesto “interés por promocionar al Ayuntamiento”, se han escondido muchos euros públicos en propaganda barata. Y lo que no sabremos. Por eso me ha esperanzado e ilusionado esta ley aprobada en Valencia que, en su artículo 5, prohíbe la utilización de la publicidad institucional como elemento de propaganda de personas con cargos públicos o grupos institucionales, además de actos de inauguración, entrega de llaves, acuerdos con medios… Un buen ejemplo que debe cundir.

Desde luego a nosotros no nos preocupan las limitaciones de la LOREG, ya que en CastroVerde somos algo alérgicos a las tradicionales inauguraciones y puesta de medallas varias, tan comunes en otros partidos. Hemos inaugurado por la vía de los hechos (sin cinta para cortar, ni foto ni similar, solo poniéndolo a disposición de los ciudadanos) parques infantiles, nuevas zonas verdes, espacios deportivos… de todo.

Sí es más difusa esa línea entre lo que podemos o no decir sobre nuestro trabajo desde nuestros cargos, pero también en eso hemos sido prudentes. Como concejales y desde el Ayuntamiento seguiremos siéndolo, seguros de que nadie debe pagar la propaganda política de CastroVerde más que sus afiliados, simpatizantes y mecenas.

Y por cierto, ¡os necesitamos!

10 cosas buenas que quieren convertir en malas: 3 proyectos estrella

En esta serie de entradas estoy explicando 10 asuntos que en los últimos tres años se han intentado mostrar como malos e incluso malignos, siendo en realidad buenos para todos.

Tras un primer bloque en el que analicé tres asuntos relacionados con la movilidad (carriles-bici, OCA y aparcamiento, y CastroBus), en esta segunda parte comento tres proyectos largamente esperados por los ciudadanos y a los que, en mayor o menor medida, se intenta sacar punta para penalizar nuestra gestión, cuando precisamente estamos logrando hacerlos realidad.

1. Plaza del Mercado

Empiezo por la Plaza del Mercado, que en poco tiempo pasó de ser un proyecto entendido como bueno a lo contrario, al menos para ciertas personas que amplifican un mensaje negativo del todo injusto y del todo interesado. Llevamos tres años trabajando en este asunto y parece que no veremos la obra en marcha antes del final de la legislatura, pero aún así es uno de nuestros proyectos estrella y estamos muy orgullosos de él.

El proceso ha incluido numerosas reuniones y contactos con los actuales placeros (de la plaza nueva y de la vieja), que han podido plantear sugerencias. Eso no quiere decir que todas ellas hayan tenido eco porque simplemente no es posible, pero muchas se han incorporado. Hablamos de un proyecto que reubicará puestos en un recinto de apenas 800 m2 cuando la plaza nueva actual tiene más de 2.000.

En este caso menos no es peor, sino mucho mejor, porque el proyecto permitirá por un lado dignificar el espacio diseñado por Eladio Laredo, que ha estado abandonado largo tiempo y que empezamos a rehabilitar en 2016. Y por otro, unificar todos los puestos, actualmente dispersos, la mayoría poco visibles e incluso escondidos. Gracias a la actuación se abrirán al público y se convertirán en un atractivo tanto para castreños como para visitantes y turistas.

2. Auditorio del Ágora

Llevamos casi tres años trabajando en el único proyecto realista que ha habido desde hace décadas en Castro para contar con un auditorio para música, teatro, danza y todo tipo de actividades culturales. El edificio también permitirá alojar a la Escuela de Música y al Conservatorio, dando unas instalaciones dignas a ambos y logrando por fin solucionar el problema de ruidos en la Biblioteca.

Que es pequeño, que es feo, que es indigno de la ciudad… se han oído y leído tantas críticas destructivas (porque si fueran del estilo “ya te construyo yo uno mejor” y de verdad fuera así, ¡encantados!). Los grupos de la oposición, esos que han estado gobernando en nuestro Ayuntamiento sin conseguir hacer teatro ninguno, han pedido varias veces su paralización y pretenden hacer de eso su mejor promesa electoral, ¡qué tristeza!

Nosotros creemos que hay que aprovechar la menor ocasión de sacar instalaciones adelante, si van a resolver problemas tan importantes como los mencionados y más que ya conté en un post anterior. Estamos hartos de promesas que no valen nada y de gobiernos autonómicos que se escaquean de actuar mientras pasan los años…

3. Túneles de Ocharan

Precisamente hoy ha comenzado la obra que permitirá ampliar y mejorar los túneles de Ocharan, que llevan tanto tiempo estrangulando el tráfico y la movilidad en general en Castro. Como una de nuestras principales vías de comunicación transversal, la calle Leonardo Rucabado ganará así continuidad para vehículos, ciclistas y peatones, ya que además en cuanto se finalicen los túneles se seguirá el carril-bici hasta Brazomar.

No os puedo resumir aquí las innumerables dificultades y obstáculos que hemos tenido que vencer para sacar adelante este proyecto, desde los económicos hasta los técnicos y administrativos, teniendo en cuenta que la primera empresa a la que se adjudicó la obra ni siquiera la empezó y hubo que resolver ese contrato.

También esta obra ha generado críticas y opiniones desfavorables, en la línea del dicho que sentencia “el que nada hace, nada teme”. Y las generará de aquí a las elecciones en la medida en que la obra supondrá indudables molestias a los ciudadanos. Pero sin duda debemos felicitarnos por haber conseguido -¡al fin!- comenzar a resolver uno de los mayores nudos de movilidad del municipio.

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Está claro que podríamos seguir años y años sin Plaza del Mercado, sin auditorio y sin túneles de Ocharan. Probablemente a nivel electoral sería mucho más rentable no meterse en tantos jardines y pasar tan desapercibidos como anteriores gobiernos, porque nadie critica lo que no se hace. Pero… nosotros vinimos a cambiar las cosas. Pronto, el último capítulo de las “10 cosas buenas que quieren convertir en malas”.